Millones de visitantes disfrutaron el lenguaje universal del deporte Rey. Los estadios se convirtieron en lugares donde los colores de los equipos importaban más que ninguna otra cosa y donde los distintos idiomas que se escuchaban provenientes del público transformaban el torneo en una celebración, no solo del futbol, sino de la humanidad misma.
Fuera de los estadios, en las calles de las ciudades sede de los partidos, también se registraban escenas inéditas de hinchas de distintas nacionalidades compartiendo momentos juntos cánticos y celebraciones. Sin dudas, la identidad nacional es más fuerte cuando inspira en lugar de excluir. Sin embargo, temas como la participación de Irán, las políticas de visado y las restricciones de viajes también sirvieron para recordar que el fútbol no existe aislado de un mundo politizado.
La administración Trump consideró el torneo como una oportunidad para presentar a Estados Unidos como un país abierto a los negocios, capaz de albergar los eventos más importantes del mundo y preparado para la Copa Mundial de la FIFA 2026 pero sin poder evitar algunas imperfecciones como las largas colas de inmigración, incertidumbre sobre los necesarios visados, alojamientos caros, transporte público irregular entre las ciudades anfitrionas y complejos procedimientos de seguridad. Muchos aficionados cuestionaron igualmente los precios exorbitantes de las entradas que dejaron el espectáculo del fútbol fuera del alcance de seguidores comunes.
Para leer las principales noticias turísticas de la semana, suscribite a nuestro newsletter de los viernes.
La competencia puso a prueba la logística, el transporte y la seguridad en varias ciudades generando un impacto que superó el resultado económico de miles de millones de dólares en actividad económica, con hoteles y restaurantes colmados, una extraordinaria demanda de vuelos y medios de transporte, además de operadores turísticos favorecidos por la afluencia de visitantes.
Quizás el mayor logro de la FIFA fue su poder de convocar a ciudadanos de tantas naciones en un solo lugar, hacerlos cantar juntos alentando a sus equipos o compartir comidas con aficionados eventualmente rivales y hasta intercambiar camisetas luego de los partidos con personas que nunca antes habían visto, con diferentes idiomas, cultura y sueños en una historia compartida. Es el principal resultado de unas semanas verdaderamente extraordinarias.


Comentarios