La tendencia marca un cambio estratégico hacia un turismo experiencial y de alto consumo, un segmento existente en la demanda de viajeros hacia nuestro país aunque todavía no suficientemente explotado ni promocionado pese a estar presente, en alguna medida, en el mercado.
Estas propiedades combinan el servicio de alojamiento de categoría superior, comercios minoristas, entretenimiento, ofertas gastronómicas y de bares en un único destino integrado, diseñado como un centro de estilo de vida abierto y seguro durante muchas horas, además de espacios para grandes eventos y actividades culturales.
A diferencia de las propiedades tradicionales de uso mixto, donde los hoteles, restaurantes y vida nocturna funcionan de forma independiente, estos complejos se encuentran diseñados como un ecosistema unificado para mantener a los visitantes dentro de un único entorno seleccionado, similar al que ofrecen algunos hoteles en Las Vegas o Dubai.
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En lugar de desplazarse entre lugares dispersos en algún determinado destino, los visitantes podrían optar por lugares independientes que ofrezcan alojamiento, entretenimiento y tiendas en un solo lugar. Las tendencias clave que configuran el sector incluyen las limitadas opciones existentes pese a la creciente demanda de alojamiento de lujo y de alta gama y la escasez de resorts integrados o con todo incluido.
Los analistas especializados en hotelería piensan que esta tendencia podría trasladar los eventos corporativos y reuniones de alto perfil a complejos turísticos integrados, incentivar a viajeros internacionales que gastan mucho, impulsar a los hoteles existentes a ampliar sus ofertas y experiencias, y lógicamente posicionar a destinos dentro de un mapa turístico más amplio y con experiencias diferenciadas alineadas con las tendencias globales hacia entornos de alojamientos inmersivos diseñados para captar la próxima generación del turismo global.


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