Con epicentro en Dublín, aunque celebrada prácticamente en todo el mundo, esta festividad impulsa el turismo, promociona la imagen de Irlanda y atrae a visitantes internacionales que acuden a disfrutar de una fiesta religiosa en sus orígenes, convertida hoy en una celebración global de la cultura irlandesa.

En sus inicios una conmemoración religiosa en honor a San Patricio, un misionero del siglo V a quien se le atribuye la introducción del cristianismo en Irlanda. Actualmente, cada 17 de marzo,  una celebración global de la cultura irlandesa caracterizada por el color verde, tréboles, desfiles, música, cerveza y platos tradicionales.

El Festival de San Patricio, tiene como centro a Dublín y atrae a cientos de miles de personas cada año. Pero la celebración se extiende mucho más allá de las fronteras de Irlanda. Desde Nueva York, donde desde 1762 se realiza un tradicional desfile por la Quinta Avenida, pasando por Sídney hasta Londres que se iluminan con luces de color esmeralda en un ritual compartido y trasmitido llamativamente de generación en generación por millones de personas sin ninguna conexión directa con Irlanda.

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El Día de San Patricio ubica a Irlanda en una posición privilegiada, en el centro de la atención mundial, con imágenes de pubs desbordados de clientes, de paisajes impresionantes y sobre todo, de celebraciones impresionantes. Para los visitantes, todo esto se complementa con sus paisajes de costas siempre con fuertes vientos y pueblos que parecen haber quedado detenidos en el tiempo que hacen que la experiencia se viva como entrando en una historia largamente contada pero paradójicamente,  todavía en desarrollo.