La fecha fue instituida para conmemorar a Ellen Church, enfermera de profesión, quien el 31 de mayo de 1930 pasó a la historia al convertirse en la primera azafata del mundo en un vuelo operado por Boeing Air Transport entre Oakland y Chicago.  El velo duró 20 horas y tuvo 13 escalas. 

Sin tanta notoriedad, también un hombre llamado Heinrich Kubis puede ser considerado el primer hombre en asumir el rol de tripulante de cabina. El marzo de 1912, Kubis, un mozo profesional alemán comenzó a atender a los pasajeros del Zeppelin LZ 10 en los vuelos de Berlín a Friedrichshafen y entre sus funciones también se encontraba curiosamente el de confiscar los fósforos y encendedores de los pasajeros que abordaban el dirigible.

El récord de azafata con más años de servicio está a nombre de Bette Nash, quien ejerció el cargo durante más de 65 años. Cuando Bette Nash empezó a trabajar de azafata a principios de la década del 50, los pasajes aéreos costaban 12 dólares y no era necesario hacer reservas para los vuelos. El trato a las azafatas también era muy distinto: las empresas imponían pesajes obligatorios para controlar que no engordaran y recibían visitas de sorpresa en sus casas para verificar que no vivieran en pareja. Las azafatas cobraban un sueldo de 150 dólares al mes, debían ser menores de 25 años, medir menos de 1.60 metros y pesar menos de 52 kilos.

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Se necesita mucho estudio, dedicación y paciencia en este trabajo. Los tripulantes de Cabina son la cara visible de las aerolíneas y deben enseñar a los pasajeros las reglas de seguridad e interactuar con ellos en un espacio reducido colaborando en cada vuelo a crear una buena experiencia. A esto se suma la capacidad de mantener la calma en escenarios de turbulencia, cambios inesperados o emergencias médicas.

Además, la adaptación cultural es parte esencial de su día a día. En vuelos internacionales, los tripulantes interactúan con pasajeros de distintas nacionalidades, idiomas y costumbres, desarrollando habilidades de comunicación y empatía que les permiten generar una experiencia más cercana y humana durante el viaje.

Cambios de horario, largas jornadas y adaptación permanente a distintos destinos son factores constantes en la profesión. Aun así, los tripulantes deben mantener altos estándares de atención, seguridad y hospitalidad en cada vuelo.

En una industria donde la experiencia del pasajero cobra cada vez mayor relevancia, el rol de los tripulantes de cabina representa no solo uno de los pilares de seguridad de la aviación, sino también uno de los rostros más humanos de cada viaje.