El anuncio del desarrollo de la Clase Discovery, cuyos barcos serán construidos en Francia, marca un punto de inflexión en la estrategia comercial de Royal Caribbean.

“Con la nueva Clase Discovery buscamos blindar nuestra cuota de mercado en el segmento de alta gama, adaptando de manera proactiva nuestra capacidad de pasaje a las estrictas normativas medioambientales y de aforo que exigen los principales puertos del continente”, explicaron desde la compañía.

Tras años enfocados en el gigantismo naval con las clases Oasis e Icon, la corporación apuesta ahora por embarcaciones de menor tonelaje. Este movimiento no responde a una reducción de sus ambiciones, sino a una necesidad logística de acceso a mercados premium restringidos. Los megabarcos actuales se enfrentan a severas limitaciones físicas para atracar en puertos de gran valor ecoturístico o de alta densidad histórica.

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Con la Clase Discovery, diseñados específicamente para poder cruzar el Canal de Panamá, la firma busca flexibilizar sus itinerarios mundiales y abrir rutas más inmersivas y exóticas en Alaska, el Norte de Europa y Asia.

La tecnología y la Inteligencia Artificial (IA) se han consolidado como herramientas esenciales para la gestión económica y operativa de las “ciudades flotantes” que opera Royal Caribbean. La aplicación de algoritmos matemáticos y análisis de datos en la gestión del barco permite optimizar rutas, reducir el consumo de combustible y, de forma muy destacada, combatir el desperdicio de alimentos.

Según los datos ofrecidos por los directivos, la compañía ha logrado reducir casi a la mitad el desperdicio de comida a bordo, lo que se traduce en una mayor eficiencia de costes que posteriormente se reinvierte en la mejora de la experiencia del pasajero.