La floración de los cerezos, un evento natural conocido como Sakura, posiblemente se anticipe este año por las temperaturas más cálidas registradas en febrero y en el presente mes. La centenaria  tradición cultural da impulso al turismo convertido en un motor de renovación a la  vez de marcar el inicio de un nuevo año para la sociedad japonesa. 

La floración, que tiene un periodo muy corto, constituye una tradición centenaria profundamente arraigada en la cultura del país. Se espera que las primeras flores aparezcan en Nagoya, alrededor del 17 de marzo,  generalmente alcanzan su máxima esplendor una semana después de que se abran las primeras flores. El periodo de observación suele durar solo alrededor de 8 días y culmina a finales de marzo, inicio de abril. Su efímera floración representa la fugacidad de la vida, la renovación y la belleza que finalmente culmina, conceptos profundamente arraigados en la filosofía y la estética japonesas.

La contemplación de los cerezos en flor, conocida como hanami se remonta a miles de años atrás cuando los aristócratas se reunían bajo las flores para componer poesía, beber sake y celebrar la llegada de la primavera. La tradición perdura en el tiempo y es una de las más apreciadas del país. Grupos familiares y de amigos se reúnen bajo los árboles florecientes de parques, a orillas de ríos y en los jardines de templos para disfrutar de picnics y celebraciones nocturnas conocidas como yozakura, donde las flores se iluminan por la noche.

Para leer las principales noticias turísticas de la semana, suscribite a nuestro newsletter de los viernes.

Los principales destinos de observación incluyen el parque Ueno de Tokio y el foso Chidorigafuchi; el sendero del Filósofo de Kioto y el Parque Maruyama al igual que el  monte Yoshino en Nara, hogar de decenas de miles de cerezos. El impacto económico de la atracción es significativo e impulsa la demanda de hoteles, viajes ferroviarios nacionales, visitas guiadas, festivales gastronómicos de temporada y eventos culturales.