La Semana Santa es una ventana estratégica para realizar breves desplazamientos domésticos, visitar parientes del interior del país y disfrutar de experiencias que combinan tradiciones religiosas, celebraciones paganas y donde las propuestas gastronómicas propias del momento no pueden estar ausentes.

Las experiencias religiosas y expresiones culturales más significativas  se sitúan en lugares donde la tradición se mantiene con matices únicos y funcionan como escenarios y protagonistas al mismo tiempo. En los días de Semana Santa los templos concentran ceremonias que se integran a las actividades habituales y reúnen a cientos de personas. Algunas procesiones, como las de Tañarandy se han convertido en los símbolos más reconocibles de la celebracion convocando a verdaderas multitudes.

El masivo desplazamiento a destinos del interior genera un aumento del consumo que moviliza la economía haciendo olvidar momentáneamente el momento actual definido como de “economía de guerra”, generando un breve alivio especialmente a pequeños empresarios. Indudablemente, el movimiento turístico interno dinamiza distintos segmentos y se ve potenciado en esta ocasión por su ubicación en el calendario que coincide con el cierre del mes y lógicamente se cuenta con mayores recursos 

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Más que una celebración religiosa, la Semana Santa transforma el país y revela su identidad a través de tradiciones que se mantienen vivas, hoy convertidas en verdaderas atracciones turísticas y promocionadas con esa identidad, en una manera distinta y actual de vivir la Semana Santa.