Tras la última orden ejecutiva de la Administración Trump que puso en vigencia nuevas sanciones contra Cuba, un éxodo corporativo sin precedentes agravó la crisis de la isla.
Washington había fijado el viernes 5 de junio como la fecha límite para que las empresas extranjeras rompan sus lazos con las empresas del conglomerado de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), Gaesa.
La medida impactó de lleno en el sector turístico cubano. La salida masiva de operadores turísticos, financieros y de transporte agravó el desplome de una economía que importa el 80 % de lo que consume y depende críticamente de las divisas del turismo.
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Entre las empresas que han abandonado la isla y se suman a las aerolíneas que han dejado de operar con la isla, se encuentran la hotelera Melia Hotels International, que ha abandonado de forma inmediata la gestión y comercialización de 15 de sus 35 hoteles a su cargo en la isla con un total de 30.000 habitaciones. Iberostar Hotels & Resorts, que ha reducido drásticamente su operación pasando de 18 establecimientos a solo 6 desde el 1 de junio. La marca cesó sus operaciones en todos los hoteles propiedad de Gaviota (filial turística de Gaesa) y solo mantiene la gestión de las instalaciones cuyos propietarios son Cubanacan y Caribe, firmas dependientes del Ministerio de Turismo, para adaptarse al entorno regulatorio internacional. Blue Diamond, ha dispuesto la salida total de la isla de los hoteles que controlaba en La Habana y Cayo Largo del Sur. Archipiélago International Hotels, anunció su salida completa del mercado cubano.
En cuanto a servicios financieros internacionales, Visa y Mastercard han cesado totalmente sus operaciones en todo el territorio cubano desde el 6 de junio. En consecuencia, Cuba quedó totalmente imposibilitada de recibir ingresos externos derivados de la comercialización de bienes y servicios mediante tarjetas internacionales. La medida obliga a los pocos turistas y viajeros a depender exclusivamente de efectivo, en un contexto donde la disponibilidad de cajeros y divisas es limitada. Operadores del sector advierten que el cambio afectará reservas, consumo en destino y la capacidad de los visitantes para afrontar gastos imprevistos. La decisión incrementa la presión sobre un mercado turístico ya afectado por baja demanda y restricciones logísticas.
Gran parte de las instalaciones hoteleras ya se encontraban clausuradas de forma temporal por motivos de ahorro energético debido al bloqueo petrolero estadounidense decretado en enero, dado que la isla solo produce el 40% de la energía que consume.


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